Del trance y los linchamientos

Hay quienes alegan que debemos acallar la razón y apelar a lo instintivo.

Eso está bien cuando hablamos de un individuo evolucionado, ciertamente una minoría. Y si eres un poeta, un artista, en el momento del trance creador, como dice Wallace Stevens, cuando oficias como sacerdote de lo invisible.

Pero a nivel colectivo, en las redes sociales, en el ágora, las pasiones son el mechero que prende y mueve a las masas. Eso lo han sabido siempre príncipes, reyes, dictadores, ministros, presidentes y políticos.

Una vez se suelta al monstruo, ya sea que lo haga Joseph Goebbels o Malcolm X, la masa deviene pasional, irracional, surge una reacción en cadena, una avalancha, el efecto dominó. Así funcionan los linchamientos, las orgías, las revoluciones.

Mucha gente pensante, una vez pasada la vorágine, no sabe explicar sus actos, es una ebriedad colectiva, un trance, pero no creador: es un trance destructor. Y las manos que mecen la cuna se benefician de quienes actúan como una horda de zombis: sus peones.

De forma tal que toda la razón que utilicemos será mero paleativo para la sinrazón colectiva – y nunca será suficiente -.

Piénsalo dos veces antes de sucumbir a la vorágine viral.

La culpa viral

El morbo motiva más acciones de lo que quisiéramos aceptar, a nivel de humanidad. El ser humano es altamente morboso, aun aquellos que se reconocen o llaman “cultos”. Es por ello que la crónica roja vende tanto.
Ese morbo surge a raíz de la formación judeo-cristiana de culpa-castigo.
Este sentimiento de culpa-castigo arraigado en nuestra formación a nivel colectivo, se dispara cuando por ejemplo, alguien muere. Cuando nos enteramos de esa muerte, revive la culpa de haberlos olvidado en vida, de desconocer su tragedia personal y sin consideración alguna a si nos une algo con quien ha muerto (ética o estéticamente), buscamos quedar bien con la sociedad, compartiendo el morbo.
Se dispara la “culpa viral”, el “pégalo en tu muro”“haz RT”“envíalo a tus contactos”“compártelo con tus amigos”, como aquellos que en la misa piensan que entre más se golpean el pecho, descargarán más “por mi culpa, por mi culpa, por mi gran fokin culpa”Eso ni es.
Así, nos sentimos aliviados para seguir viviendo la vida espasmódica, olvidando en menos de 48 horas al meme, a la culpa viral anterior, hasta que la culpa vuelva a surgir (quizás con otra muerte de una “celebridad trágica”).