El silencio y la guerra

Aunque no todo el tiempo lleguemos a las balas, a las bombas, al derramamiento de sangre, vivimos todo el tiempo en guerra.

Vivimos en una guerra de símbolos, códigos, imágenes, que luchan por controlar nuestra mente y por ende, nuestros criterios y opiniones.

Reproducimos esas imágenes, esos símbolos, de forma viral, la mayoría del tiempo sin analizar, activando una maquinaria que se reproduce casi independientemente de nuestra voluntad.

Se pelea una guerra por tu mente, en tu mente, en la cual sólo un GRAN SILENCIO interno puede vacunarnos de reproducir la estupidez colectiva o ser peones, ecos del plan de un Logos Mayor a nosotros.

Muy pocas personas están conscientes de su valor simbólico. Casi nadie sabe ante qué símbolos reacciona.

 

SILENCIO.

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Parece una estupidez, pero sí lo es

En una publicidad estatal aparentemente “normal” dentro de la Propaganda que las caracteriza (( todo lo que hace el Gobierno es bueno y nada es malo )), la misma termina como un mazo diciendo que SÓLO se oponen al Gobierno quienes son:

“Políticos corruptos, Empresarios de los malos y la izquierda”.

Aquí está uno de los puntos de la DEMONIZACIÓN que caracteriza a los Tiranos y a los “Césares democráticos”, ya que:

  • El Ser Humano es Político por definición. Pero, ¿y si nunca me he inscrito en ninguna agrupación, si voté en blanco? ¿qué pasa? ¿Me descalifica el señalar las taras de la Administración de turno?
  • ¿Y si soy asalariado, y si soy un desempleado? ¿Qué pasa con los poetas, los artistas, los escritores? Yo ejerzo además una profesión independiente, y en tal condición, pago todas las cargas que nos impone el Estado. ¿Aún somos los demonios?
  • Ah! Mira tú, no sabía que ser “de izquierda” es un pecado. ¡Ahora sí hemos retrocedido 50 años! ¿Y si simplemente soy un LIBRE PENSADOR? ¿Aún me van a condenar en la Hoguera de las Inquisición?

Ojo, Queridos Ciudadanos, que esta alusión no es inocente y en la “amable voz del comunicador”, es un rofeo, ¿mañana qué será, cárcel?

Porque, ¿qué tal si te digo que no tengo niguna agenda escondida, no quiero ser presidente de Panamá, simplemente me preocupa hacia donde va el país? ¿Eso me descalifica? ¿Tiene eso algo de malo?

Lo cierto es que esta Administración abunda en demagogia y no veo los planes de trabajo serios, reales.

Saludos,

Edilberto GONZÁLEZ TREJOS